Para qué sirve el paseo del perro (además de para lo evidente)
Un perro que sale tres veces al día a hacer pis en la misma esquina está saliendo, no paseando. La diferencia la marca la nariz, y hay bastante medido sobre lo que eso le hace. Con lo que sí conviene vigilar: el suelo, el palo y la correa.
Hay dos paseos que se llaman igual y no se parecen en nada. En uno el perro sale, hace pis en la misma esquina de siempre y vuelve en siete minutos porque hay prisa. En el otro va oliendo, se para donde le da la gana, cambia de acera y tarda media hora en hacer doscientos metros. El primero es una salida higiénica; el segundo es un paseo, y la diferencia entre los dos explica buena parte de cómo llega el animal al final del día.
El paseo no es el pis: es la nariz
Cuesta hacerse a la idea de hasta qué punto un perro vive en otro mundo sensorial. Las cifras que se manejan hablan de del orden de doscientos o trescientos millones de receptores olfativos frente a los cinco o seis millones de una persona, y de una parte del cerebro dedicada al olfato desproporcionadamente mayor que la nuestra. Cuando se para veinte segundos en un alcorque no está perdiendo el tiempo: está leyendo.
Y esto no es una metáfora bonita, se ha medido. Un trabajo bastante citado de Duranton y Horowitz comparó perros a los que se les dejaba hacer trabajo de olfato con perros que hacían ejercicio de obediencia y encontró que los del olfato salían con un sesgo de juicio más optimista — el indicador que se usa en investigación animal para aproximar un estado de ánimo positivo. Dicho en cristiano: dejarle oler le sienta mejor que hacerle andar.
De ahí la recomendación más barata de este artículo: al menos una de las salidas del día tiene que ser suya, con la correa larga y sin tirar de él porque se ha parado otra vez. Un perro que ha olido vuelve cansado de una manera que no consigue ningún paseo rápido.
Cuántas veces y cuánto rato
No hay una cifra legal ni una regla universal, pero el consenso práctico está bastante asentado: tres o cuatro salidas al día para un adulto sano, de las cuales al menos una larga y sin prisa. Las otras pueden ser cortas y funcionales.
Los que se salen de esa pauta son los de siempre: un cachorro necesita salir mucho más a menudo porque aguanta menos, aunque cada salida sea corta; un perro mayor suele preferir más salidas cortas que una caminata larga; y un perro con cualquier problema articular o cardíaco tiene su propia pauta, que la marca el veterinario y no un artículo.
La trampa habitual es medir el paseo en kilómetros. Para un perro que vive en un piso, media hora oliendo un parque vale más que una hora de trote pegado a tu pierna por una acera que ya conoce de memoria.
El suelo, que quema más de lo que parece
El asfalto oscuro al sol se pone muchísimo más caliente que el aire: en un día de treinta grados, una acera expuesta desde el mediodía puede estar a temperaturas a las que no aguantarías la mano puesta. Y las almohadillas de un perro son piel dura, no un zapato: aguantan el roce, no el calor.
La comprobación es una regla que se aprende en diez segundos y no se olvida: pon el dorso de la mano en el suelo y cuenta hasta siete. Si no puedes mantenerla ahí, no es un sitio por el que hacer andar a un animal descalzo. Punto.
Lo que se hace con eso, en orden: mover los paseos a primera hora y a última, ir por la sombra y por tierra o hierba en vez de por asfalto, y no cruzar aparcamientos de superficie negra a las cuatro de la tarde. Si el perro trabaja, hace rutas largas de montaña o vive en un sitio donde el suelo es el problema medio año, existen botas y protectores de patas, que además valen para la sal de las carreteras en invierno y para terreno abrasivo. No son un accesorio de moda: son la solución cuando cambiar de hora no es una opción.
Y si un día llega cojeando, lamiéndose una pata sin parar o con las almohadillas más rojas o más blandas de lo normal, eso ya no se cura en casa mirando vídeos: se ve en la clínica.
El palo: el juguete gratis que sale caro
Tirar un palo es la imagen misma de pasear a un perro, y es de las pocas costumbres que la literatura veterinaria desaconseja sin muchos matices. El motivo es concreto: un palo lanzado puede clavarse en el suelo y quedarse de punta justo cuando el perro llega a por él a toda velocidad con la boca abierta. Las lesiones que salen de ahí —perforaciones de la garganta y del paladar, astillas que se alojan en tejidos profundos y siguen viajando— aparecen en los manuales como un clásico precisamente porque se repiten.
A eso se suma lo pequeño de todos los días: astillas clavadas en las encías, trozos tragados, y maderas de jardín tratadas con productos que no se comen.
La alternativa no exige renunciar a nada: una pelota del tamaño correcto —que no le quepa entera en la garganta— o un mordedor de goma hacen exactamente el mismo juego sin esa lotería. Y si vas a lanzar mucho, conviene alternar: la carrera con frenada brusca repetida cien veces tampoco es gratis para las articulaciones.
La correa, que es una decisión que se toma una vez
Casi todo el equipo del paseo se compra una vez cada varios años, así que merece la pena pensarlo diez minutos. Dos ideas prácticas:
- La correa extensible no es una correa larga. Da la sensación de libertad y quita el control justo cuando hace falta: no se puede recoger a tiempo si aparece un coche o un perro, el cordón fino corta si se enreda en una pierna, y el tirón final enseña al perro precisamente a tirar. Para dejarle olfatear en campo, una correa larga de cinta cumple mejor y es más segura.
- Dos correas para dos cosas distintas. Una corta para la calle, donde hace falta control, y una larga para el campo o el parque, donde hace falta lo contrario. Es lo que hace la mayoría de la gente que pasea mucho, y no es un gasto: las hay muy baratas.
Todo eso —correas cortas, largas, de cinta o de cuerda— está junto en correas, y si además hay que cambiar el collar o el arnés, la sección completa es collares, arneses y correas, que es donde más diferencia de precio hay entre tiendas por producto idéntico.
Recoger, y por qué rasca el suelo después
Recoger las cacas no lo regula ninguna ley estatal: lo hacen las ordenanzas municipales, y por eso la multa cambia de un pueblo a otro y a veces mucho. La cifra concreta la tiene tu ayuntamiento; lo que no cambia es que la sanción existe en prácticamente todos. Las bolsas y recogedores son de las compras más recurrentes que hay, así que es de los sitios donde comparar precio por unidad renta de verdad.
Y ya que estamos: eso que hace después, rascar el suelo con las patas traseras como si tapara algo, no es que esté tapando nada. Los perros tienen glándulas entre los dedos, y ese gesto reparte su olor y deja además una marca visual sobre lo que acaba de dejar. Es un mensaje, no higiene — y por eso lo hacen con más ganas donde hay más perros.
Lo que se vuelve pegado del campo
Un paseo largo por hierba alta en primavera y otoño tiene un peaje conocido, y septiembre sigue siendo temporada. Revisar orejas, ingles y entre los dedos al volver cuesta un minuto y es el momento en que se encuentran las garrapatas, que es cuando todavía es fácil. Cómo se quitan sin hacerlo peor, por qué vuelven aunque el perro esté tratado y qué hace exactamente cada tipo de producto está en pulgas y garrapatas. El resto del equipo de paseo se compara por precio en productos para perros.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas veces al día hay que sacar a un perro?
Lo habitual para un adulto sano son tres o cuatro salidas, con al menos una larga y sin prisa. Los cachorros necesitan salir bastante más a menudo aunque cada vez sea poco rato, y los perros mayores suelen llevar mejor varias salidas cortas que una caminata larga. Con cualquier problema de salud, la pauta la marca el veterinario.
¿Por qué mi perro se para tanto a oler?
Porque para él ese es el paseo. Tiene del orden de doscientos o trescientos millones de receptores olfativos, frente a los cinco o seis millones de una persona, y en los estudios que comparan trabajo de olfato con ejercicio dirigido, los perros que huelen salen con indicadores de estado de ánimo más positivos. Tirar de él para que avance es quitarle justamente la parte útil.
¿Cómo sé si el suelo quema demasiado?
Con el dorso de la mano apoyado en el asfalto contando hasta siete. Si no aguantas, él tampoco. Es la regla práctica que se usa porque el suelo oscuro al sol se calienta muy por encima de la temperatura del aire, y las almohadillas resisten el roce, no el calor. Con calor, se pasea a primera y a última hora.
¿Es malo tirarle palos al perro?
Es una de las pocas costumbres que la literatura veterinaria desaconseja bastante en redondo. Un palo lanzado puede clavarse de punta en el suelo y el perro llega a por él a toda velocidad con la boca abierta; las heridas de garganta y paladar por astillas son un clásico de urgencias. Una pelota del tamaño adecuado o un mordedor hacen el mismo juego sin ese riesgo.
¿Son buenas las correas extensibles?
Para la calle, no demasiado: no se pueden recoger a tiempo ante un coche o un perro, el cordón fino puede cortar si se enreda y el tirón constante enseña al perro a tirar. Si lo que se busca es darle libertad para olfatear, una correa larga de cinta hace ese trabajo mejor y con más control.
¿Por qué rasca el suelo después de hacer sus necesidades?
No está tapando nada. Tiene glándulas entre los dedos y con ese gesto reparte su olor y deja además una señal visible junto a lo que acaba de dejar. Es una forma de marcar, y por eso lo hace con más énfasis en sitios donde pasan muchos perros.
¿Cuánto multan por no recoger las cacas?
Depende del municipio: no lo regula una ley estatal sino las ordenanzas de cada ayuntamiento, y las cuantías varían bastante de una ciudad a otra. Lo que es común a casi todas es que la sanción existe, así que la cifra exacta la tiene tu ayuntamiento.