Pulgas y garrapatas: por qué vuelven y qué se hace en casa
La pulga que ves en el animal es una minoría diminuta de las que hay en tu casa, y ahí está la explicación de por qué el problema vuelve a las dos semanas. Cómo funcionan las dos plagas, qué parte te toca a ti y cuál es del veterinario.
Hay una frase que resume por qué las pulgas parecen invencibles: las que ves encima del animal son la punta del iceberg. En una infestación establecida, la inmensa mayoría de la población no son pulgas adultas paseando por el lomo del perro, sino huevos, larvas y capullos repartidos por la casa. Es el dato que explica el ciclo de siempre —se trata al animal, mejora una semana, vuelve a las dos— y el que decide qué hay que hacer. Las garrapatas funcionan de otra manera y piden otra cosa; van las dos aquí porque casi siempre se piensan juntas.
La pulga: el bicho que casi no está en el bicho
Primer punto sorprendente: la pulga habitual de los perros españoles no es «la pulga del perro». En perros y en gatos la especie que se encuentra casi siempre es la misma, Ctenocephalides felis, la pulga del gato. Importa porque significa que perro y gato de la misma casa comparten problema y se reinfestan el uno al otro: tratar sólo al que se rasca es dejar la mitad del trabajo.
Segundo punto, el importante. La pulga adulta vive sobre el animal y allí se alimenta y pone huevos —de veinte a cuarenta al día—, pero los huevos no se quedan pegados: caen. Caen en la cama del perro, en el sofá, en las juntas del parqué, en la alfombra. Allí eclosionan las larvas, que huyen de la luz y se meten en lo hondo del tejido y de las rendijas, y allí forman el capullo del que saldrá la siguiente adulta. Las guías veterinarias europeas lo dicen con una imagen que se entiende sola: las pulgas que ves encima del animal son la punta del iceberg de la población que hay en la casa. (Verás por ahí la cifra del 95%; es una estimación muy repetida, pero las guías se quedan en «la mayoría», así que nosotros también.)
Y ese capullo es la clave de la reaparición: es pegajoso, resistente, aguanta mucho tiempo esperando y la adulta sale cuando nota lo que anuncia que hay alguien a quien picar —vibración, calor, dióxido de carbono—. Así que un tratamiento que sólo mata adultas se enfrenta cada semana a una remesa nueva que estaba escondida en casa desde antes.
Lo que la pulga deja además de picores
- Dermatitis alérgica a la picadura. Un animal sensibilizado reacciona con muy poca exposición, y el resultado es picor intenso con costras y calvas en una zona muy reconocible: la grupa, la base de la cola y la cara posterior de los muslos (si el picor está en la cara y las patas, apunta más a alergia ambiental que a pulgas). Y hay una paradoja que despista a todo el mundo: los animales muy alérgicos pueden no tener casi pulgas encima, porque se lamen y se acicalan tanto que se las quitan ellos. Que no encuentres ninguna no descarta nada.
- Tenia. La pulga es el huésped intermediario de Dipylidium caninum: el animal se traga una pulga al acicalarse y se lleva el parásito de regalo. Los segmentos que aparecen alrededor del ano, como granitos de arroz, son la señal — y ahí ya hablamos de desparasitación interna, que es cosa del veterinario.
- Anemia en cachorros o animales debilitados con infestaciones muy fuertes.
La garrapata: menos numerosa, más seria
Una garrapata no monta una plaga en casa como la pulga —aunque hay una excepción importante—, pero lo que transmite es de otra categoría. En España las que más se ven en perros son Rhipicephalus sanguineus, la garrapata marrón del perro, y en el norte húmedo Ixodes ricinus. La primera es la excepción de la que hablábamos: soporta bien el interior de las casas y las perreras, y puede establecerse en grietas de la pared y del suelo.
Entre lo que pueden transmitir a un perro en nuestro país están la ehrlichiosis, la anaplasmosis, la babesiosis y la hepatozoonosis; y hay enfermedades transmitidas por garrapatas que afectan a las personas, como la fiebre botonosa mediterránea. No las listamos para asustar sino para justificar por qué esto no se deja pasar: aquí lo que se previene no es la molestia, es la infección.
Y el mito estacional conviene tirarlo: con los inviernos suaves de buena parte de la península, la actividad de las garrapatas ya no se limita a la primavera y el verano. El Consejo Europeo para el Control de las Parasitosis de los Animales de Compañía (ESCCAP) viene recomendando por eso protección continuada en gran parte del sur de Europa, en lugar de la temporada corta de antaño.
Cómo se quita una garrapata
Esto sí es tuyo, y hacerlo mal es peor que no hacerlo:
- Pinzas finas de borde liso, sin dientes, o un gancho para garrapatas. Se agarra lo más pegado a la piel que se pueda, entre la cabeza de la garrapata y el perro, nunca por el cuerpo hinchado — apretarle el abdomen es lo que provoca que regurgite.
- Tracción firme y constante, perpendicular a la piel, que es como lo describen tanto las guías veterinarias europeas como los protocolos pediátricos españoles. Sin tirones bruscos.
- Después, limpiar la zona y lavarse las manos. Vigilar el punto de la picadura los días siguientes.
- Lo que NO se hace nunca: aceite, vaselina, alcohol, esmalte de uñas, un cigarrillo o cualquier cosa que la ahogue o la queme. Todo eso hace que la garrapata regurgite antes de soltarse, que es justo el momento en el que pasa lo que no queremos que pase. Aplastarla entre los dedos, tampoco.
Y sobre el tiempo, cuidado con el consejo tranquilizador que circula. Es cierto que para algunas de estas infecciones la garrapata necesita llevar prendida un buen rato —a la borreliosis se le atribuyen entre dieciséis y veinticuatro horas—, pero no vale para todas: en trabajos experimentales, la Ehrlichia canis que transmite la garrapata común del perro en el Mediterráneo empezó a pasar en tres a seis horas. Así que la regla no es «tengo un día de margen», es revisar al perro al volver del campo, todos los días: orejas, cuello, entre los dedos, ingles y zona perianal. Un cepillo o un peine fino pasado a la vuelta del paseo hace ese repaso mucho más rápido, y de paso saca las pulgas adultas que estén de visita.
La parte de la casa, que es la que se olvida
Contra las pulgas, esto vale tanto como lo que se le ponga al animal:
- Aspirar mucho y bien, sobre todo donde el animal duerme, bajo los muebles y en las juntas. La vibración además hace salir a las adultas de sus capullos, lo que las expone. Vaciar el depósito o tirar la bolsa fuera de casa.
- Lavar la cama del animal a temperatura alta, y las mantas del sofá donde se tumba.
- Tratar a TODOS los animales de la casa, no sólo al que se rasca. El gato que sale al patio reinfesta al perro que no sale.
- Tener paciencia y constancia: los manuales veterinarios cifran en dos o tres meses lo que se tarda en dejar limpia una casa infestada, porque hay que esperar a que vayan eclosionando todas las pupas escondidas. Que salga una pulga a los diez días no significa que el tratamiento no funcione; significa que el tratamiento está haciendo justo lo que tiene que hacer.
Lo que decide el veterinario, y una advertencia que salva gatos
Qué producto y con qué pauta no se decide en un blog: las propias guías europeas dicen que el protocolo se acuerda entre el dueño y su veterinario, porque depende de la especie, del peso, de la edad, de si hay embarazo o lactancia, de otras enfermedades y de dónde vivís. Lo que sí hay que decir aquí en mayúsculas es esto: hay antiparasitarios de perro que matan a un gato.
El caso documentado es la permetrina concentrada de las pipetas caninas. La diferencia de dosis explica el desastre: una pipeta para perro puede llevar entre un 45% y un 65% de permetrina, mientras que lo autorizado en gato ronda el 0,05-0,1%. A esa concentración, basta una gota o que el gato lama el envase vacío, y también se han descrito intoxicaciones sólo por acurrucarse contra un perro recién tratado. El cuadro es neurológico —temblores, convulsiones— y una parte de los gatos afectados no lo cuenta. El matiz honesto: no es que todo piretroide sea veneno para un gato, hay algunos aprobados para ellos; es que el producto del perro no se comparte jamás.
Con esa decisión ya tomada, comparar el precio del mismo envase entre tiendas sí es cosa nuestra: está en antiparasitarios, y el resto del equipo de cada especie, en productos para perros y en productos para gatos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué vuelven las pulgas si ya traté a mi perro?
Porque la mayor parte de la infestación no estaba en el perro sino en la casa: huevos, larvas y capullos en la cama, el sofá y las rendijas del suelo. Mientras esas pupas van eclosionando siguen apareciendo pulgas adultas durante semanas. Por eso el tratamiento del animal y la limpieza a fondo del entorno van juntos.
¿Puedo ponerle a mi gato la pipeta del perro si es más barata?
Nunca. Las pipetas caninas con permetrina la llevan a una concentración altísima comparada con lo que se autoriza en gatos, y a esa dosis basta una gota, o que el gato lama el envase, para provocar una intoxicación neurológica grave. Incluso se han descrito casos por acurrucarse contra un perro recién tratado. El producto de cada especie lo indica el veterinario, y entre especies no se comparte.
¿Se le puede quedar la cabeza dentro a la garrapata?
Puede quedar parte del aparato bucal si se tira mal o se retuerce. Si ocurre, se limpia la zona y se vigila; si la piel se inflama, se enrojece o supura, es motivo de consulta. Lo que evita el problema es agarrar lo más pegado a la piel posible y tirar de forma firme y constante, sin girar.
¿Hay que proteger contra garrapatas también en invierno?
En buena parte de España, sí. Con inviernos suaves las garrapatas mantienen actividad fuera de la temporada clásica, y por eso las recomendaciones europeas para el sur del continente hablan de protección continuada en vez de estacional. Lo concreto depende de tu zona y lo ajusta el veterinario.
¿Las pulgas del perro pican a las personas?
Pueden picar, sí, aunque las personas no somos su huésped preferido: lo típico son picaduras en tobillos y piernas cuando la casa está infestada. Que aparezcan picaduras en la familia suele ser la confirmación de que el problema está en el entorno y no sólo en el animal.
¿Los remedios caseros funcionan?
Contra una infestación establecida, no. El vinagre, el ajo o los aceites esenciales circulan mucho por internet y además algunos aceites son tóxicos para los gatos. Lo que sí ayuda sin riesgo es la parte mecánica: aspirar a conciencia, lavar textiles a temperatura alta y peinar al animal.