Vivir con un periquito: compañía, rutina y señales de que está bien

Vivir con un periquito: compañía, rutina y señales de que está bien

Un periquito no es un adorno con plumas: viene de bandadas de cientos de individuos y todo lo que hace en casa se entiende desde ahí. Qué necesita de compañía, cuánto tiempo quiere fuera de la jaula y qué te está diciendo cuando cruje el pico.

Casi todo lo que hace un periquito —por qué grita al amanecer, por qué se pega al espejo, por qué se aburre— se entiende mucho mejor sabiendo de dónde viene. Melopsittacus undulatus es un ave del interior de Australia, de zonas abiertas y rara vez lejos del agua, nómada: se mueve según cambian las condiciones, y forma bandadas que van de tres individuos a más de cien y que, tras una buena temporada de lluvias, llegan a juntar decenas de miles de pájaros. Todo lo de abajo sale de ahí. El equipamiento —qué jaula, qué comida— está en productos para aves; esto va de la otra mitad, que es la que suele fallar.

Un animal de bandada metido en un salón

Para un periquito, estar solo no es tranquilidad: es una situación anómala. En la naturaleza nunca está sin compañeros, y buena parte de su día es actividad social — volar, comer cerca de otros, acicalarse mutuamente, charlar sin parar. Un periquito solo en una jaula, sin nadie de su especie y con la familia fuera de casa ocho horas, está pasando la mayor parte de su vida en una situación para la que no está diseñado.

De ahí la recomendación que dan casi todos los veterinarios de aves: mejor dos que uno, salvo que puedas dedicarle tú muchas horas al día. Dos periquitos se hacen compañía, se acicalan, se hablan y se aburren muchísimo menos. La objeción clásica —«en pareja no se amansa» — es cierta a medias: es verdad que un periquito solo depende más de ti y suele amansarse antes, pero también lo es que un pájaro aburrido y solo desarrolla problemas que ningún amansamiento compensa.

Y el espejo, que merece párrafo propio. Un periquito solo suele adoptar su reflejo como compañero: le canta, lo alimenta regurgitando, se pasa horas delante. Parece entrañable y en realidad es un pájaro cortejando a algo que nunca responde, lo que refuerza justo el problema que intentabas resolver. Como juguete ocasional puede pasar; como sustituto de compañía, no lo es.

Fuera de la jaula: no es un premio, es parte del día

Un periquito vuela. Vuela rápido y en horizontal, y una jaula —por grande que sea— no le da lo que necesita. Y no es sólo cuestión de aburrimiento: volar es la única forma que tiene un pájaro de hacer ejercicio cardiovascular de verdad, lo único que le sube pulsaciones y respiración. El rato diario fuera es lo que separa a un pájaro con músculo y curiosidad de uno que engorda quieto en una percha — y la obesidad en periquitos no es estética: va de la mano de la enfermedad de hígado graso y de los lipomas, que son el tumor más frecuente de la especie.

¿Cuánto rato? Las guías de bienestar más exigentes llegan a pedir seis horas al día fuera de la jaula. Suena a mucho, y probablemente lo sea para una casa normal; tómalo como la dirección correcta y no como un aprobado o suspenso: media hora todos los días vale más que un domingo entero al mes.

Preparar la habitación significa exactamente esto: ventanas y cortinas cerradas, espejos tapados, otros animales fuera, ventiladores parados, cazuelas apagadas y el váter con la tapa bajada. La lista parece paranoica hasta la primera vez que un periquito se estampa contra un cristal.

Los peligros de una casa normal

  • Los humos de las sartenes antiadherentes recalentadas. Es el peligro doméstico grave de las aves y no es una exageración: por encima de unos 280 grados el PTFE se descompone en gases incoloros e inodoros, y los manuales veterinarios describen que muchas veces el único signo clínico es la muerte súbita. Los pájaros pequeños, y el periquito en particular, están entre los más sensibles. Y no es sólo la sartén: también las planchas y sus fundas, algunos hornos autolimpiables, las gofreras y ciertas lámparas de calor. Un periquito no debe vivir ni dormir en la cocina.
  • Aerosoles, ambientadores, velas perfumadas y humo de tabaco. El aparato respiratorio de las aves es extraordinariamente eficiente, y eso significa que también lo es absorbiendo lo que flota en el aire.
  • Aguacate, chocolate, cafeína, alcohol y sal. El aguacate es el que más gente desconoce, y es de los peores: su toxina daña el músculo cardíaco y puede matar sin apenas aviso. Con el chocolate y el café, el problema es el tamaño: en un animal de treinta gramos con el metabolismo acelerado, una cantidad ridícula ya es dosis.
  • El grit o arenilla, que casi todo el mundo compra por costumbre. Un periquito pela la semilla antes de tragarla, así que no necesita piedrecitas para moler nada; y hay aves que lo comen en exceso y acaban con una obstrucción digestiva. Si su comida lleva pienso de calidad, tampoco necesita vitaminas añadidas.
  • Los barrotes anchos y los juguetes con cadenas o hilos largos, donde se enganchan la cabeza o los dedos.

Otro fallo silencioso son las perchas. Si todas son del mismo diámetro y de plástico liso, el pájaro apoya siempre el pie en la misma postura y en el mismo punto, y ahí es donde aparecen los problemas de almohadilla plantar. Perchas de madera natural, de grosores distintos, resuelven el asunto por muy poco dinero; están junto al resto en accesorios para pájaros y en jaulas y accesorios.

Cómo se ve un periquito que está bien

Aprender su repertorio normal es lo que luego te permite notar que algo ha cambiado:

  • Cruje el pico. Ese chasquido suave y repetido antes de dormir es el equivalente a ronronear: es un pájaro relajado y a gusto.
  • Duerme sobre una pata, con la cabeza girada hacia atrás entre las plumas del hombro. La pata recogida es señal de comodidad.
  • Se acicala mucho y se sacude entero de vez en cuando.
  • Charla, canta y contesta a los ruidos de la casa, sobre todo a primera y a última hora.
  • Estira un ala y una pata del mismo lado a la vez, que es el estiramiento típico de las aves.
  • Se baña, en un platito o bajo un pulverizador de agua templada.

Y por el otro lado, lo que preocupa: un pájaro ahuecado durante horas y apagado, que baja al suelo de la jaula, que respira moviendo la cola o con el pico abierto, que deja de cantar o cuyas heces cambian de forma o color. Las aves disimulan la enfermedad por instinto, así que cuando se nota suele llevar días de ventaja; lo desarrollamos en por qué un pájaro se hincha y ahueca las plumas, y aquí basta con la conclusión: eso es cita con un veterinario de aves, no esperar a mañana.

Mención aparte para el picaje, que es cuando el pájaro se arranca las plumas él mismo. Hay un dato que lo pone en su sitio: en la naturaleza el picaje es raro, porque un ave silvestre se pasa el día buscando comida, esquivando depredadores y criando. Cuando aparece en casa, apunta a que algo falta o algo sobra. Las causas van desde enfermedad —problemas de hígado, tumores y, muy a menudo, mala alimentación, que los manuales señalan como uno de los factores que más se repiten— hasta el aburrimiento y el estrés. Rara vez tiene una sola causa, así que no se resuelve con collares ni con remedios de internet: se estudia en consulta.

Hablar, y la parte que casi nadie cuenta

Los periquitos hablan, y bastante mejor de lo que su tamaño sugiere: están entre las aves con mayor vocabulario documentado, muy por encima de lo que cabría esperar de un pájaro de treinta gramos. Dicho eso, conviene ajustar expectativas: aprenden por repetición paciente, los machos suelen soltarse más que las hembras, muchos no llegan a hablar nunca y su voz es rasposa y difícil de entender para quien no convive con ellos.

Lo que sí funciona es lo aburrido: repetir la misma palabra corta, siempre a la misma hora, en sesiones cortas y sin ruido de fondo. Un periquito que vive en pareja hablará menos «en humano» y más en periquito — que es, para él, la mejor versión posible del asunto.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor tener un periquito solo o dos?

Dos, salvo que puedas dedicarle muchas horas al día. Son aves de bandada y un pájaro solo pasa la mayor parte del tiempo en una situación para la que no está preparado. Un periquito solo suele amansarse antes, pero se aburre mucho más, y el aburrimiento en aves acaba en problemas de conducta.

¿Cuánto vive un periquito?

Con buenos cuidados, bastante más de lo que la gente espera: se manejan cifras de en torno a cinco a diez años, y hay periquitos que superan los quince. Muchos mueren mucho antes por causas evitables, y la más repetida es la dieta exclusivamente de semillas mantenida durante años.

¿Le pongo un espejo para que no esté solo?

Como juguete puntual puede estar bien; como compañía, no. Es habitual que un periquito solo trate su reflejo como pareja y le dedique horas de cortejo y regurgitación, lo que refuerza el aislamiento en lugar de aliviarlo. La compañía que necesita es otro periquito o mucho tiempo contigo.

¿Cuánto tiempo tiene que estar fuera de la jaula?

Todo el que puedas darle con seguridad, y a diario. Las guías de bienestar más exigentes hablan de hasta seis horas al día, que para la mayoría de las casas es inalcanzable; lo importante es la constancia, porque volar es su único ejercicio cardiovascular. Con la habitación preparada —ventanas y espejos tapados, cocina cerrada, otros animales fuera— el riesgo es mínimo.

¿Todos los periquitos aprenden a hablar?

No. Muchos no lo hacen nunca, los machos suelen ser más habladores que las hembras y hace falta repetición constante y paciencia. Que un periquito no hable no dice nada de su salud ni de lo bien que esté cuidado.

¿Por qué mi periquito cruje el pico?

Porque está a gusto. Ese chasquido suave, casi siempre antes de dormirse, es una de las señales más claras de que un periquito está relajado. Es lo contrario de una señal de alarma.