Tener una tortuga de tierra: los papeles que hacen falta
Es de las pocas mascotas donde lo primero que hay que mirar no es el animal sino su documentación: las tortugas mediterráneas van con certificado y microchip, la de Florida está directamente prohibida, y todas viven lo bastante como para heredarse.
La tortuga tiene fama de mascota fácil: no ladra, no muerde, no hay que sacarla. Casi todo eso es cierto, y aun así es de los animales de compañía donde más gente se mete en un lío — porque es el único donde lo primero que hay que mirar no es el animal, sino su documentación. Hay tortugas que necesitan un certificado para poder venderse y hay una, de las más vendidas del mundo, que en España lleva años prohibida.
Va primero lo legal, que es lo que no se puede arreglar después, y luego lo demás.
La primera pregunta no es cuál, es de dónde viene
Una tortuga terrestre legal en España viene de cría en cautividad y con papeles. Nunca del campo: coger una tortuga silvestre es una infracción, y además muchas de las que se ven por ahí son especies protegidas con poblaciones en mal estado. Tampoco de un viaje: traerse una en la maleta desde Marruecos es un clásico de aduanas y termina con el animal decomisado.
Así que la conversación con el vendedor empieza por ahí, y si no tiene una respuesta documentada, se acabó la conversación.
Anexo A y anexo B: qué significa cada cosa
El comercio de especies amenazadas se rige por CITES, que en la Unión Europea se aplica mediante un reglamento con varios anexos. Para las tortugas de tierra que se ven en las tiendas españolas, mandan dos:
- Anexo A: las mediterráneas. La tortuga mora y la tortuga mediterránea —las dos que la gente llama «tortuga de tierra» sin más— están en el nivel más estricto. Su uso comercial está prohibido salvo que el ejemplar concreto tenga un certificado que lo autorice, ligado a ese animal e identificado. En ejemplares adultos la identificación habitual es el microchip; en los pequeños, mientras no se les puede implantar, se usa una ficha fotográfica que documenta el dibujo de su caparazón, que funciona como una huella.
- Anexo B: la rusa y compañía. La tortuga rusa o de Horsfield, muy habitual en tiendas, está en el segundo nivel: se puede vender, pero el vendedor tiene que poder acreditar su origen legal y entregarte la documentación.
Lo que hay que llevarse a casa, en papel: el certificado si la especie lo requiere, la factura a nombre del vendedor y el número de microchip o la ficha de identificación. Y guardarlo, porque esos papeles hacen falta el día que la tortuga cría —las crías también necesitan su documentación— y el día que cambia de manos. Una tortuga de anexo A no se «regala a un amigo» sin más trámite.
La tortuga que no se puede tener: el galápago de Florida
Es la tortuga acuática de las orejas rojas que durante décadas se vendió en cualquier sitio, en una bandeja de plástico con una palmerita. Hoy está prohibida: figura en la lista europea de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión y en el catálogo español de especies invasoras, lo que significa que no se puede vender, criar, intercambiar ni, por supuesto, soltar.
El motivo es que funciona demasiado bien fuera de su sitio. Cuando el bicho de cuatro centímetros se convierte en un animal de veinte que muerde y ocupa un acuario grande, mucha gente lo soltó en un estanque o en un río, y en buena parte de España se ha establecido compitiendo con los galápagos autóctonos, que llevaban ya bastante mal el resto de las cosas.
Los ejemplares que estaban en casas antes de la prohibición se pueden mantener hasta el final de su vida, sin criar con ellos y sin que salgan al medio. Y la regla que no admite ningún matiz, valga para la especie que valga: una tortuga doméstica no se suelta jamás en la naturaleza, ni en un pantano, ni en un río, ni en el estanque de un parque. Si no puedes seguir teniéndola, se llama a la administración ambiental de tu comunidad, a un centro de recuperación o a una asociación — hay salidas legales, y todas son mejores que la que parece piadosa.
Si lo que te interesaba era una tortuga de agua, por cierto, la parte técnica se parece más a montar un acuario que a tener un reptil de tierra: el agua es medio problema, y de eso va qué agua poner en el acuario.
Vive más que muchos planes
Una tortuga mediterránea bien cuidada vive varias décadas, y no es raro que pase de los cincuenta o los ochenta años. Es, con diferencia, el animal de compañía más longevo que se puede comprar en una tienda: hay tortugas que van por su tercera familia sin haber cambiado de casa.
Conviene decirlo con todas las letras porque cambia la decisión: es bastante probable que la tortuga te sobreviva. Igual que con los loros grandes, eso se resuelve pensándolo antes —quién se queda con ella, y con sus papeles— en vez de improvisarlo en un mal momento.
Lo que necesita y no se ve en la tienda
Un caparazón despista: parece un animal autosuficiente y es justo lo contrario, un animal que depende por completo de que su entorno tenga la temperatura y la luz correctas, porque no las produce él. Sin eso no digiere, no se mueve bien y el caparazón crece mal, y todo ello ocurre despacio, que es lo peligroso: cuando se nota, lleva meses pasando.
Los parámetros concretos son cosa de la especie y están explicados en productos para reptiles, junto con la razón por la que las bombillas de ultravioleta se cambian aunque sigan encendiendo. Aquí basta con las cuatro ideas que más sorprenden a quien llega nuevo:
- El sol de una ventana no sirve. El cristal filtra buena parte de la radiación ultravioleta que necesita, así que una tortuga en un salón muy luminoso está, para lo que nos importa, a oscuras. O sale al exterior de verdad, o hace falta iluminación específica.
- El calor tiene que ser desigual. Un terrario a temperatura uniforme no vale: el animal regula su temperatura moviéndose, así que necesita un punto caliente y una zona fresca para elegir. De ahí que la fuente de calor se concentre en un lado, con las lámparas térmicas puestas donde el animal pueda alejarse de ellas.
- El suelo no es decoración. El sustrato le sirve para excavar y mantiene parte de la humedad, y hay materiales que dan problemas si se los traga. Es una de esas compras baratas donde elegir mal cuesta caro.
- La hibernación no se improvisa. Las mediterráneas hibernan en la naturaleza y hacerlo bien en casa exige condiciones y un animal en buen estado; una tortuga enferma o de peso justo no debe hibernar. Es una conversación con un veterinario de exóticos, y hay que tenerla en otoño, no en diciembre.
Y un apunte de dieta que evita la mitad de los problemas: son herbívoras. Ni pienso de perro, ni fruta a todas horas, ni carne. Lo que comen y en qué proporción lo dice quien conozca la especie.
La parte aburrida: salmonela y manos
Los reptiles pueden portar Salmonella con toda normalidad y sin estar enfermos, y de ahí pasa a las personas por las manos, no por el aire. No es motivo para no tener una tortuga: es motivo para lavarse las manos después de tocarla o de tocar su terrario, para no limpiar sus cosas en el fregadero de la cocina y para vigilar de cerca eso mismo en niños pequeños, que es donde de verdad ocurre. Con esa rutina, el asunto deja de ser un asunto.
Y la tortuga que aparece sola
Pasa constantemente: alguien la encuentra en el campo, o la hereda de un familiar, o se la regalan sin ningún papel. La respuesta corta es que una tortuga sin documentación no se legaliza por su cuenta y que la solución no es esconderla. Lo que corresponde es llamar a la administración ambiental de tu comunidad autónoma o al Seprona y preguntar: según el caso hay procedimientos, y presentarse por iniciativa propia con un animal que se ha encontrado no es lo mismo que que te lo encuentren.
La versión larga la sabe quien lleva estos trámites en tu comunidad, porque hay diferencias entre unas y otras. Lo que no cambia en ninguna es la primera regla: ni al campo, ni al estanque del parque.
Preguntas frecuentes
¿Se puede tener una tortuga de tierra en casa?
Sí, siempre que sea de cría en cautividad y venga con su documentación. Las tortugas mediterráneas están en el nivel más estricto de CITES y su venta exige un certificado ligado a ese ejemplar concreto, identificado con microchip o con una ficha fotográfica del caparazón. Otras, como la tortuga rusa, están en el segundo nivel y basta con acreditar su origen legal.
¿Qué papeles tengo que pedir al comprarla?
El certificado si la especie lo requiere, la factura a nombre del vendedor y el número de microchip o la ficha de identificación. Conviene guardarlo todo: esos papeles vuelven a hacer falta si la tortuga cría o si algún día cambia de manos, porque un ejemplar del anexo A no se puede ceder sin trámite.
¿Por qué está prohibida la tortuga de orejas rojas?
Porque el galápago de Florida figura en la lista europea de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión y en el catálogo español de especies invasoras: no se puede vender, criar, intercambiar ni soltar. Se estableció en buena parte de España a partir de sueltas de animales domésticos y compite con los galápagos autóctonos. Los ejemplares que ya estaban en casas pueden mantenerse hasta el final de su vida.
¿Cuánto vive una tortuga de tierra?
Varias décadas, y no es raro que pase de los cincuenta o los ochenta años. Es el animal de compañía más longevo que se compra habitualmente en una tienda, así que hay que contar con que probablemente sobreviva a quien la compra y decidir de antemano quién se quedaría con ella y con su documentación.
¿Le basta con el sol que entra por la ventana?
No. El cristal filtra buena parte de la radiación ultravioleta que necesita para su metabolismo, así que un salón muy luminoso no cumple. O tiene acceso a exterior de verdad, o hace falta iluminación específica. Y el calor debe estar concentrado en un punto para que el animal pueda elegir entre zona caliente y zona fresca.
¿Puedo soltarla si ya no puedo cuidarla?
Nunca, sea la especie que sea. Soltar un animal doméstico en la naturaleza está prohibido y es la vía por la que varias especies se han convertido en invasoras. Hay alternativas legales: la administración ambiental de tu comunidad, los centros de recuperación y las asociaciones especializadas.
¿Es peligrosa la salmonela de las tortugas?
Los reptiles pueden portar salmonela sin estar enfermos y la transmisión es por contacto, no por el aire. Se gestiona con higiene básica: lavarse las manos después de tocar al animal o su terrario, no limpiar sus cosas en el fregadero de la cocina y supervisar a los niños pequeños, que es donde suelen darse los casos.