El conejo como animal de compañía: lo que conviene saber antes

El conejo como animal de compañía: lo que conviene saber antes

No es un roedor, no es una mascota de dos años y no es el animal fácil para un niño que dice la leyenda. Vive diez años, come de una manera muy concreta y tiene una urgencia veterinaria que se mide en horas: merece la pena saberlo antes y no después.

El conejo es la tercera mascota más común en muchos países europeos y también la que más se compra por los motivos equivocados: silencioso, pequeño, barato, «ideal para un niño». Las cuatro cosas son discutibles y la última es directamente falsa. Esto no va de desanimar a nadie —un conejo bien entendido es un animal de compañía extraordinario, curioso y con muchísima personalidad—, sino de contar lo que suele descubrirse tarde.

Empecemos por lo básico: no es un roedor

Aunque se venda en la misma sección que los hámsteres, el conejo no pertenece al orden de los roedores sino al de los lagomorfos. La diferencia se ve en la boca: detrás de los dos incisivos superiores grandes tiene un segundo par de incisivos pequeños, los llamados dientes clavija, que ningún roedor tiene. No es una curiosidad de examen: implica una mecánica de masticación distinta y explica por qué su alimentación no se parece a la de un hámster ni a la de una cobaya.

La otra consecuencia importante es que los dientes de un conejo no dejan de crecer nunca, y no sólo los incisivos: también las muelas. El ritmo asusta cuando se pone en números — se cita en torno a un centímetro al mes, y en una boca que no encaja bien, hasta un milímetro al día. Lo que los mantiene a raya es el desgaste, y el desgaste lo produce pasar muchas horas al día masticando fibra larga. Por eso el heno no es la cama ni un extra: es el trabajo principal de su boca y la base de su dieta. Cuánto necesita y qué proporción va con verduras y con pienso está en productos para roedores y conejos, junto al resto de la sección.

Vive diez años

Esta es la que más sorprende. Un conejo doméstico bien cuidado vive del orden de ocho a doce años, y hay conejos que pasan de ahí. Es una convivencia comparable a la de muchos perros, y muy lejos de la mascota «de dos o tres años» que mucha gente imagina cuando lo compra para un niño de ocho.

Merece la pena hacer la cuenta antes: quién lo va a cuidar cuando ese niño se vaya a estudiar fuera, y qué pasa con las vacaciones durante una década.

La cecotrofia, o por qué se come sus propias heces

Un día verás a tu conejo agachar la cabeza hacia el ano y comer algo directamente de ahí, y pensarás que tiene un problema. No lo tiene: está haciendo exactamente lo que debe.

El conejo produce dos tipos de excremento. Uno son las bolitas secas y redondas que aparecen por todas partes. El otro son los cecotrofos: blandos, brillantes, agrupados en racimo y producidos sobre todo de noche y a primera hora. Son el resultado de la fermentación en el ciego, van cargados de vitaminas del grupo B y de proteína, y el conejo los ingiere directamente para aprovecharlos en una segunda pasada por el tubo digestivo.

Es normal, es imprescindible y no hay que impedirlo. Lo que sí es una señal es lo contrario: encontrar cecotrofos aplastados por la jaula o pegados al pelaje del cuarto trasero suele indicar que el conejo no los está alcanzando —por sobrepeso, por dolor articular o por problemas dentales— o que la dieta lleva demasiado pienso y demasiado poca fibra. Ambas cosas se hablan con el veterinario.

La urgencia que hay que saberse de memoria

Si de este artículo te quedas con una sola cosa, que sea esta: un conejo que deja de comer y deja de hacer caca es una urgencia veterinaria de horas.

Su aparato digestivo depende de un movimiento constante. Cuando ese tránsito se para —lo que los veterinarios llaman estasis o íleo gastrointestinal— se entra en un círculo que se agrava solo, y el cuadro puede volverse muy grave en muy poco tiempo. Además, un conejo no puede vomitar, así que no dispone de la vía de escape que tienen otros animales.

Las señales que no admiten «vamos a ver si mañana está mejor»:

  • No toca la comida, ni siquiera lo que más le gusta.
  • Han desaparecido las bolitas de la bandeja, o son mucho más pequeñas de lo habitual.
  • Está encogido, quieto, con el vientre apretado o rechinando los dientes con fuerza — que en un conejo es señal de dolor, no de gusto.
  • Se esconde y no reacciona como siempre.

Y conviene tener el teléfono localizado antes de necesitarlo: no todas las clínicas ven exóticos, y buscar una a las once de la noche con el conejo encogido es la peor manera de descubrirlo.

El animal de presa que hay debajo

Casi todo su comportamiento se entiende sabiendo que es una presa. Disimula la enfermedad mientras puede —de ahí que cuando se nota ya lleve tiempo—, se asusta con los ruidos súbitos y, sobre todo, no le suele gustar que lo cojan en brazos: para él, ser levantado del suelo es literalmente lo que le pasaría atrapado por un depredador. Que tolere las caricias en el suelo y odie que lo alcen no es un defecto de carácter, es su diseño.

Dos reglas de manejo que evitan lesiones graves:

  • Jamás se coge a un conejo por las orejas, ni por el pellejo del cuello sin sostenerle el cuerpo.
  • Siempre se le sujeta el tren trasero, con una mano bajo el pecho y la otra bajo las patas de atrás. Un conejo que patalea en el aire puede fracturarse o dislocarse las vértebras lumbares con su propia fuerza, y no es una rareza: los manuales veterinarios la describen como una lesión frecuente tanto en conejos de compañía como de granja.

Y un apunte que sorprende a mucha gente. Si pones a un conejo boca arriba se queda quieto, blandito, aparentemente en trance — y circula por ahí que es una forma de relajarlo para cortarle las uñas. No lo es. Lo que se ha medido cuando se estudia esa postura es lo contrario: frecuencia cardíaca y hormonas de estrés al alza, y un animal plenamente consciente que está teniendo una respuesta de miedo, no de calma. Las asociaciones de bienestar de conejos desaconsejan usarla para el manejo rutinario.

Por lo mismo es mala mascota para un niño pequeño que quiere abrazar algo. Como animal para observar, sentarse en el suelo y dejar que se acerque, es fantástico.

Compañía, espacio y cables

Los conejos son sociales: en libertad viven en grupo, y las asociaciones de bienestar recomiendan tenerlos en pareja compatible siempre que sea posible, porque un conejo solo se aburre y se deprime. Emparejarlos no es meterlos en la misma jaula y ya está: hay un proceso de presentación gradual, y funciona mucho mejor con los dos esterilizados.

Necesita además espacio para moverse de verdad — correr, ponerse de pie sobre las patas traseras sin tocar el techo, estirarse del todo y dar esos saltos con giro que hacen cuando están contentos. Eso no ocurre dentro de una jaula por muchas horas que pase dentro; la jaula es su base, no su casa.

Y si va a estar suelto, hay que preparar la habitación como se prepara para un bebé, con una diferencia: este roe. Los cables son el peligro número uno y se resuelven con canaletas o pasándolos por detrás de los muebles. También muerde rodapiés, patas de silla y esquinas de sofá, así que conviene darle cosas legítimas que roer. Lo que se repone cada mes —comida, sustrato, limpieza— se compara en comida para roedores, accesorios y higiene.

Veterinario: vacunas y esterilización

Dos cosas que en conejos suelen pasarse por alto porque se asocian sólo a perros y gatos.

La primera es la vacunación. En España hay dos enfermedades víricas graves y muy extendidas que se previenen con vacuna —la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica vírica, esta última con una variante que cambió el panorama hace años—, y afectan también a conejos que viven dentro de casa, porque se transmiten por vectores como mosquitos y pulgas o por material contaminado. La pauta concreta y los recuerdos los marca el veterinario según la vacuna disponible.

La segunda es la esterilización, y en las hembras el argumento es de los más contundentes que hay en medicina de mascotas: el adenocarcinoma de útero es el tumor más común del conejo, y los manuales veterinarios cifran su incidencia hasta en un 60% de las conejas enteras de más de tres años. Por eso la recomendación estándar es esterilizar a las hembras que no vayan a criar entre los cuatro y los seis meses. En los machos, además, facilita la convivencia en pareja: una de las combinaciones que mejor funciona es macho castrado con hembra esterilizada, precisamente porque reduce las peleas en los dos. Es una cirugía que requiere experiencia con exóticos, y ese es el criterio para elegir clínica.

Preguntas frecuentes

¿El conejo es un roedor?

No. Es un lagomorfo, un orden distinto. La diferencia más visible es que tiene un segundo par de incisivos superiores pequeños detrás de los grandes, los dientes clavija, que los roedores no tienen. También cambia lo que come y cómo lo digiere, así que la comida de hámster no le sirve.

¿Cuánto vive un conejo doméstico?

Del orden de ocho a doce años con buenos cuidados, y a veces más. Es una de las mayores sorpresas para quien lo compra pensando en una mascota de pocos años, y conviene tenerlo en cuenta antes de que sea el animal de un niño que dentro de una década ya no vivirá en casa.

¿Por qué mi conejo se come sus heces?

Porque debe hacerlo. Produce unos excrementos blandos llamados cecotrofos, cargados de vitaminas del grupo B y proteína, que ingiere directamente para aprovecharlos en una segunda digestión. Es normal y necesario. Lo que sí es señal de problema es encontrarlos por el suelo o pegados al pelo, porque suele indicar que no llega a alcanzarlos o que la dieta lleva poca fibra.

Mi conejo no come desde ayer, ¿espero?

No. Un conejo que deja de comer y deja de producir excrementos puede estar en parada del tránsito digestivo, un cuadro que se agrava en cuestión de horas y que además no puede aliviar vomitando, porque los conejos no vomitan. Es motivo de ir a un veterinario con experiencia en exóticos ese mismo día.

¿Se puede tener un solo conejo?

Se puede, pero las asociaciones de bienestar recomiendan la pareja: son animales sociales y uno solo se aburre y se apaga, salvo que reciba muchísima compañía humana. La presentación entre dos conejos debe ser gradual y funciona mucho mejor si ambos están esterilizados.

¿Es buena mascota para un niño?

Con matices, y casi nunca como el niño espera. Es frágil, se asusta con facilidad y a la mayoría no les gusta que los cojan en brazos, porque ser levantados del suelo es justo lo que les haría un depredador. Como animal para observar y para que se acerque él, funciona muy bien; como peluche que abrazar, no, y ahí es donde se producen las caídas y las lesiones.